La cadena
ser ha sacado la noticia de que el Ministerio de Ana Mato “margina
a lesbianas y mujeres solas de los tratamientos de fertilidad públicos” al dar cuenta del documento elaborado
por Sanidad que se aprobará el próximo martes en el Consejo
Interterritorial del Sistema Nacional de Salud.
Rápidamente
toda la izquierda y demás conmilitones, adalides de derechos fabricados a medida de ideologías varias, han saltado como
si les hubiesen pinchado. Personajes que entienden al ser humano como “algo” deseable, como un coche o como una
propiedad cualquiera, que “aunque se precise retorcer hasta límites
insospechados a la naturaleza” el estado me lo debe proporcionar y gratis por
supuesto.
Ideología no es pretender que un niño o niña deba venir al mundo teniendo
un padre y una madre, porque eso es lo natural, lo imprescindible
para ser concebido.
Hacer nacer a niños huérfanos de padre o de madre... eso ¡¡sí que es
ideología!! y de la más rancia, porque es antinatural, porque
es privarle de un derecho que no se lo concede graciosamente ningún estado, que
le corresponde por la propia naturaleza de su venida a la vida.
La
fertilización in vitro, es un procedimiento alternativo de laboratorio para
obtener la fecundación de óvulos humanos con espermatozoides. Tiene un
porcentaje de éxito (medido en términos
de embarazo conseguido) de tan solo un 10%, no cura ninguna dolencia ni enfermedad.
Inicialmente pensada para tratar
problemas de esterilidad por impedimentos físicos al encuentro natural los
gametos en las trompas de Falopio de la mujer, y ya entonces.... no curaban
nada, solo eran un remedio sustitutivo para paliar una esterilidad de la
pareja. Hoy ha devenido en fuente de
negocio y de generación de “bienes” de consumo. Los defensores de esta biotecnología asumen
que los seres humanos se pueden fabricar en “cadenas de producción” donde se
les aplican estrictos protocolos que controlen la viabilidad, los gustos de los
progenitores que los encargan, y hasta la utilidad de un determinado genoma que
permita ser “usado” como medicamento. En la cuneta de este procedimiento quedan
millones de seres humanos muertos, desechados o congelados. En la línea de
salida, seres humanos generados a “la carta” para satisfacción de otro u otros,
queridos para ser “usados” como trofeos de ideologías de ingenierías sociales.
Hay
numerosas razones de ciencia y de conciencia para objetar las técnicas de
reproducción asistida, pero de lo que estamos hablando, hoy y ahora, es de
definir una “reforma de la cartera de servicios básicos de sanidad” y
obviamente lo que no es ninguna “cura” ni “prevención” de enfermedad alguna, no
debe tener sitio en la financiación con el dinero de todos. La ingeniería social practicada e impuesta desde
un estado es dictadura y entonces las libertades (y la justicia) salen
corriendo; y si los impuestos de los
objetores (de ciencia y de conciencia) son malversados, las normas que amparan tal
desmán deben ser denunciadas y combatidas hasta su desaparición.
La
gente en este país, que no puede arreglarse la dentadura (por citar alguna de
las paradójicas carencias de nuestro SNS) sufre de malnutrición y diversas patologías
derivadas de no poder comer proteínas saludables adecuadamente. Mientras se pretenden invertir ingentes
cantidades de dinero en una tecnología con tan escaso “índice de eficacia” que
no soportaría un mínimo criterio de “utilidad social” si no fuera por la carga
ideológica y de ingeniería social que conlleva.
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