El artículo que hoy os traigo es de los que inevitablemente
pone en guardia a mucha gente que es tremendamente temerosa de evitar cualquier
atisbo de ser adoctrinada o influida por creencias sobre las que pesa una fama
de fundamentalismo, aunque ésta haya sido en gran medida producto de insidias miles
como es el caso de la Iglesia Católica.
Por ello quiero recordar aquí algo que leí en
otra ocasión, que un “valor” no lo es porque lo haga suyo la Iglesia Católica,
más bien es al contrario, la Iglesia lo hace suyo porque entiende que es bueno.
Lo inteligente es analizar las cosas sin
prejuicios previos basados en quienes puedan o no estar defendiéndolas.
Tras esta introducción, os invito a leerlo
con atención, porque tiene y da claves
muy interesantes y poco conocidas sobre lo que representan la fecundación
artificial y la naprotecnología (tecnología de ayuda a la procreación
natural), y en el que no hay ningún dogma ni criterio de fe que haya de ser
considerado… simplemente porque no es materia de creencia alguna.
Quien se acerca a la FIV para solucionar su
problema de esterilidad, sale tan estéril como llegó, aunque finalmente haya conseguido
un embarazo y el hijo deseado. Mientras que tras el éxito de un tratamiento
basado en la naprotecnología hay una resolución del problema de esterilidad.