Mostrando entradas con la etiqueta derecho a la vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta derecho a la vida. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de octubre de 2017

Romper la "Línea de la Vida" no es algo gratuito

            Como estaba previsto, iniciamos el curso 2017/18 con una charla formativa por encargo de la Hermandad y Cofradía del Cristo de la Buena Muerte de Jaén, que tuvo lugar el pasado día 6 en la sala capitular de la Santa Iglesia Catedral.
            Se desarrolló el tema previsto "Consecuencias personales y sociales de la aceptación del aborto" con una buena acogida por parte de los numerosos asistentes.
             Unas fotos resultarán un adecuado testimonio gráfico de evento.


            El artículo que sigue es un guión escrito desde el que se construyó la charla, lo publico para provecho de los que no pudisteis venir personalmente. Espero que os guste.



La línea de la vida humana

            Unas velas, pueden ser una imagen gráfica, visual, con la que pudiera identificarse o recordar a un ser vivo.
            Como la llama… la vida solo pude ser transmitida… no generada ni creada; solo, una vela encendida puede encender otra, nuestros padres nos transmitieron la vida, porque ellos mismos estaban vivos.
            Como la llama… la vida es frágil, un soplo puede apagarla sin “vuelta atrás”, quitar la vida es, parece, demasiado fácil, los riesgos de “estorbar” son grandes.
            Por eso la vida humana y, por supuesto, su dignidad, debe ser defendidas proactivamente, tomando la iniciativa,  trabajando a su favor. Eso nos hará más humanos y acreditará nuestro grado de civilidad.
********
            La imagen de una madre, de una mujer embarazada, nos acerca a considerar el instante “casi mágico” del inicio de la vida humana.
            En los primeros momentos de una maternidad incipiente, casi que, ni ella sabe el tesoro que esconde. Su aspecto no es muy diferente del que tenía tan solo un mes antes, pero a lo largo de nueve meses, irá cambiando visiblemente y haciendo cada vez más ostensible que, en poco, de ella nacerá su hijo.
            Cómo, cuándo y de que forma comenzó a vivir, es el quid de la cuestión.
            Especialmente, cuando se nos está planteando, a bombo y platillo, que deberían respetarse  “derechos de desalojo” de quien vive dentro de su madre.
            De ese “quid” depende la licitud, o no, de terminar con la vida de un ser humano que está viniendo hacia nosotros, que ya pertenece a la familia humana, a nuestro mundo.
            La lógica del sentido común nos dice que ese hijo no es el producto de ninguna “magia”, que, sin que quepa la menor duda, fue concebido  nueve meses atrás  como resultado de la relación carnal fecunda de su madre con su padre.
            Ahí, es, donde comienza, lo que he dado en llamar “la línea de la vida”. Donde comienza “ese venir a nosotros” del nuevo ser viviente y viniente, en palabras de Julián Marías.
            Ese origen, punto 0, durante muchísimos años era solo intuido, desde observaciones reales y constatables se asumía muy próximo, en el tiempo, a la relación fecunda de sus padres.
            Esa era la realidad que le hacía a Hipócrates (siglo V antes de Cristo) renunciar públicamente a atentar contra la vida con su actividad de médico, y expresamente renunciar a atentar contra la vida dentro de una madre.
            “A nadie administraré droga mortal alguna aunque  me sea solicitada, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo. De la misma manera, no daré a ninguna mujer un pesario abortivo; mantendré mi vida y mi arte alejado de la culpa.”
            Hoy día, ya no recurrimos a la intuición, sabemos con certeza “qué es lo que ocurre, y cómo ocurre”, realmente, en ese primer instante. Ciencias como la biología, la embriología, la genética o la medicina nos acercan a esa maravillosa realidad. Otras como la filosofía o la bioética nos ayudan a “valorarla” y a no retorcerla interesadamente”.
            Ese instante, en que un óvulo de la madre es penetrado por un espermatozoide del padre, es cuando “sucede un nuevo ser”, que vivirá en su madre durante los primeros nueve meses de su desarrollo, sin que, en ningún momento, sea ella ni parte de ella. Una simple ecografía nos permite ver un saco gestacional de tan solo 0,8 cm. en una embarazada de 4 semanas.
            La “línea de la vida” de cualquier ser humano es, durante su período gestacional, un “continuo” que, sin pausa alguna, va desde el día 1 de su vida  — el de su fecundación—  al día de su nacimiento tras el parto; y que, por supuesto, continuará a lo largo del tiempo que a cada cual le corresponda, hasta su fin al natural.
            Jérome Lejeune (1926-1994) un hombre excepcional, Catedrático, Investigador, Médico, Genetista y extraordinario defensor de la vida, especialmente de la aún no-nacida, defendía que, no es posible negar la naturaleza humana en ningún instante de esa 'línea de la vida', ni siquiera en su etapa más incipiente porque 
            “Si un óvulo fecundado no es, por sí mismo, un ser humano; no podría convertirse en uno, porque nada se añade al mismo”
            Todo esto, que parece tan obvio, encaja dentro de un armónico respeto a las leyes de la naturaleza, pero que es, con frecuencia, violentado por quienes perciben los embarazos inesperados como limitadores de libertades individuales.
            El desalojo del que ven como un intruso, abortarlo, termina siendo la solución relativista y utilitarista que incide en liquidar la armonía.
            Quien defiende la solución abortista, necesita asumir un argumento que sabe falaz, cual es el “negar naturaleza humana” a quien considera un estorbo y ansía desalojarlo.
            Siempre he alucinado de ver como alguien puede ser capaz retorcer tanto la realidad, hasta el punto de hacerle irreconocible su maldad y, consecuentemente, pasen a ser admitidas y ser dadas por buenas y santas, algunas auténticas barbaridades.


********
            Romper la línea de la vida no es gratuito, resultará a la postre en consecuencias negativas para las personas y para la sociedad en su conjunto. Trataré de apuntar siquiera someramente algunas de esas consecuencias negativas.
            No le es posible a una madre “borrar”, del libro de su vida, a un hijo abortado, solo rasgando la hoja y tirándola a la basura, sabiendo que…  con ella se irá un jirón de su propia vida. Al final, romper la línea de la vida resulta en una desesperación de por vida y la pérdida de una vida.
            Para el nasciturus, las consecuencias son fatales. Los métodos para abortar terminan resultando una cruel tortura hasta la muerte del ser que habita el vientre de su madre.

            Nadie tiene argumentos para asegurar que al niño no le duele la muerte por aborto. La posibilidad de sentir dolor real, solo precisa de las estructuras anatómicas para ello. El no-nacido las tiene, ya que es posible demostrar actividad de tales estructuras desde bien temprano en su desarrollo. Esa sola posibilidad de que puedan sentir dolor, debiera ser suficiente para desechar infringirles acciones que se saben dolorosas.
            Quizás las cosas fueran diferentes si alcanzásemos a saber que aspecto tenga el ser que habita en su madre. Tres muestras al lado de estas líneas, todas menores de las 14 semanas, que pone como “corte” la ley, por debajo de la cual puede abortarse sin necesidad de alegar motivo alguno, nos pueden acercar a ese “aspecto” muy, pero que muy, humano.
            La madre tampoco está exenta de complicaciones, porque el aborto no es seguro nunca, se arriesga salud física, psíquica y en ocasiones la vida.
            De entre las complicaciones que se ocultan4  intencionadamente para evitar “arrepentimientos de última hora”,  está el aumento de riesgo relativo del cáncer de mama, especialmente en mujeres que abortan antes de haber tenido, al menos, un embarazo a término previo.
            Dramático y demoledor resulta el cuadro de estrés postraumático que desarrollan5  un 91% de mujeres tras un aborto provocado, lo que conocemos como Síndrome Post-aborto y del que es muy difícil salir sin ayuda externa, especialmente porque tiende a ser negado, escondido y tabú.
********
            Perderle el respeto a la vida trae, también, consecuencias sociales constatables.
            Resulta responsable de una tragedia social, en España contabilizamos  casi 100.000 abortos anuales (94.188 en el 2015) lo que nos sube al “pódium” del horror, los terceros en la UE28 junto a Reino Unido y Francia. Un aborto cada 5,5 minutos, 11 cada hora y de los que 2 son adolescentes.
            Un inmenso drama humano con casi 2.000 millones de vidas segadas por aborto, en el mundo desde 1973, año de la tristemente famosa sentencia en USA del caso Roe contra Wade, que resultó ser el pistoletazo de salida del aborto contemporáneo. Una cifra que ensombrece, de largo, los asesinados por los tres genocidios reconocidos del siglo XX, que suman 14,5 millones.
            "El mayor genocidio del siglo XX no ha tenido lugar en una guerra, en los gulags o en los campos de exterminio. Es una matanza, de más de mil millones de víctimas inocentes, de la que nadie habla: el aborto" (del libro El genocidio censurado de Antonio Socci)
             Respirar mentalidad abortista produce enrarecimiento social, se violentan las costumbres sociales tradicionales provocando enfrentamientos, los ciudadanos se sienten oprimidos y limitados en sus libertades. Lo políticamente correcto es impuesto a modo de pensamiento único, y, de manera especial, muchas mujeres ven que el aborto se ha convertido en una nueva fuente de sometimiento a la voluntad de otros.
             Se busca  adoctrinar e  insensibilizar a la sociedad,  para que termine aceptando que la vida humana, durante una determinada etapa de su desarrollo, deja de ser un bien en si misma. La presión de la mentalidad abortista consigue hacer a la sociedad mirar a otro lado, a permanecer en un silencio cómplice.
Álvaro Domínguez Arranz
Médico y miembro de Derecho a Vivir Jaén


4 Es el caso del estudio del Dr. Rohan (Adelaida. Australia) publicado en el American Journal of Epidemiology en 1988 que ocultó el aumento de riesgo hasta que en 1995 un meta-análisis de Nadine Andrieu et al.( Br J Cancer 72:744-51) reveló que el único factor de riesgo estadística-mente significativo en el estudio de Australia era el aborto... ¡un 160% más de riesgo! Igualmente, el estudio de Melbye et al. (New Engl. J. of Med) en Dinamarca en 1997 excluyó de la muestra a 60.000 mujeres que habían abortado, a pesar de lo cual el aumento de riesgo asociado al aborto fue del 44%.    [citados  en http://www.nomassilencio.com/Cancer/Estudios.htm]
5 The International Planned Parenthood Federation, asserting that: “the incidence of post-abortion trauma in women who had surgical abortions can reach up to 91% of cases.”  [dato citado en https://indeforum.wordpress.com/2017/10/06/abortion-consequences-2/]

jueves, 9 de marzo de 2017

Para entender ''lo que nos esta pasando...''



[Enrique-Montesinos]
Cuento para mayores ‘sin receta’
Catalina está un poco embarazada, casi nada en realidad. Su embarazo es tan pequeñito que casi no es embarazo: es un embarazo a lápiz, en papel borrador, que se va como ha venido. Además tampoco lo sabe seguro, porque la cosa fue ayer mismo.
Catalina tiene 15 años y va a la farmacia con frecuencia. Antes compraba regaliz y “clearasil” para los granos. Hoy comprará un antiácido, que no necesita receta, porque la lógica ansiedad del evento le ha generado un poquito de hiperclorhidria, y pedirá también un antibiótico para un flemón que le había salido. El flemón es casi tan pequeño como su embarazo, pero para éste sí que lleva una receta que le dio el dentista.
Luego pedirá la píldora “porsiacaso”  —así la llama su amiga Loli—,  que vale 20 euros (Loli no, la píldora).  Loli vale mucho más, porque su padre tiene pasta por un tubo y ha comprado varias píldoras (su padre no, Loli), para no tener que ir a la farmacia después de estar con Manolo. A Catalina le parece que “porsiacaso” no es el nombre auténtico del medicamento, pero Nieves, que es una farmacéutica superguay, se lo aclarará.
Catalina está nerviosa pero contenta. Gracias a la nueva píldora será más libre cuando esté con su primo Borja. Además le han explicado en el cole que mientras el embrión no anide te lo puedes quitar, porque es como si no existiera. Y la anidación sólo ocurre unos días más tarde.
Cuando la profe lo dijo en clase, el Richi, que es un bocazas medio tonto, contestó: “Eso es como decir que hasta que el niño no esté en la cuna no es niño y te lo puedes cepillar”. Catalina se mosqueó y dijo: ”¡Que no es lo mismo Richi!; pero ¡qué bruto eres!”. Y todos se rieron porque ya sabían lo de ella y el Borja.
Catalina llega a la farmacia, pero como hay una vieja comprando (lo menos tiene 40 años), pide primero el “almax” para la acidez y el “augmentine” que le ha recetado el dentista. La farmacéutica le trae ambos medicamentos y le pregunta: “¿Quieres algo más, guapa?”.
Como la vieja no se acaba de ir, Catalina aprovecha para pesarse y comprobar que los tres helados que se tomó con los coleguis le han engordado más de lo que se esperaba. Se va la vieja, y entonces dice: “¡Ah!, sí; se me olvidaba. También quiero…, la píldora esa… “pa” después, ¿’mentiendes’…?
Nieves la mira de arriba a abajo y le pregunta si es para después de comer o para después de ponerse ciega de coca-cola con güisqui. Catalina se mosquea y le dice que ya sabe ella de qué está hablando y que tiene derecho a la píldora “comosellame”. Entonces Nieves le responde que en su farmacia no se despachan abortivos, aunque venga la ministra con una pistola; que a lo hecho pecho, y que se lo piensa decir a su padre (al de Nieves no, al de Catalina) para que se entere de lo que hace la niña.
Catalina se marcha con un mosqueo considerable y va en busca de otra farmacia alejada de su casa donde no la conozcan. Al fin la encuentra y le dan la famosa píldora. ¿Sólo una?, pregunta la niña. El boticario se le ríe a la cara y le dice que para qué quiere más. “¿Es que te dedicas a eso? ¿Eres una profesional?”
Catalina se ha tomado la píldora con un vaso de coca-cola “light”. Ella habría preferido una copa de “baylis”, que es dulce como un caramelo y, con un poco de hielo, te pones la mar de contenta, pero es que el alcohol no se lo venden ni con receta.
Por la noche piensa que ya puede estar tranquila; que la cosa no ha tenido importancia, porque además lo más probable es que no estuviera embarazada. Y si lo estaba, era un embarazo muy pequeñito, y el embrión no había tenido tiempo de anidar. O sea que Nieves es una exagerada y seguro que no le dirá nada a papá. Y si se lo dice, que se lo diga. Porque ella tiene sus derechos, que se lo ha oído a una ministra muy mona que hay ahora.
Catalina se mete en la cama. Siempre ha rezado tres avemarías, pero hoy le da cosa y no reza nada.
Apaga la luz y se pone a llorar como cuando era muy pequeña y no podía dormir sola.
          El cuento, que no parece cuento sino una cruda y cotidiana realidad, es una denuncia, en toda regla, de la inversión de valores con que se va infiltrando a nuestros jóvenes, y, a través de ellos, a la sociedad misma. Y, si se lee entre líneas, se ven aflorar sus perniciosas consecuencias.
          Contado, intencionadamente, a base de una eficaz técnica; alternando datos enfrentados   contrapuntos  que obligan al lector, tras recalar en ellos, a ejercer valoraciones reflexivas, las cuales puede ser tan fuertes que le impelan a tomar partido.
          En mi opinión su valor didáctico, a modo de las clásicas fábulas, no resiste el encorsetamiento de esta triste página de un blog.
          Su sitio es sobrevolar a la gente, como una cometa exhibiendo su mensaje, ejerciendo su “catedra”.
          Con su publicación aquí, solo busco lanzarlo al viento, para que, yo mismo y otros, dándole  hilo y más hilo…  muchos que no se creen lo que realmente está pasando, terminen comprendiendo la parábola, e incluso que alguno pueda terminar transmutado en activo constructor de la verdad.
          Te invito, querido lector a darle cuanto hilo te permitan tus redes y contactos, porque su resultado final será la sumatoria de cuantos, juntos, tiremos de este carro.
          ¡Vale la pena!