lunes, 14 de diciembre de 2020

A propósito de la próxima ley que legalizará la eutanasia en España


 Como si de un Guadiana se tratase, las ideas acerca de si es digno, o no, “dejar de ser (morir)” vuelven a los periódicos y a nuestras vidas, una y otra vez, con renovadas fuerzas.

Parece que ahora sí que lo van a tener fácil. Al menos es lo que está en todos los mentide-ros políticos. Es pues, momento para posicionarse frente a lo que algunos entendemos como tremenda aberración, como inhumana perversión de conceptos como “derecho” y “compasión”.

No debiera entenderse como “derecho” el deseo a de “dejar de ser (existir)”. La esencia de todo derecho reclamable, debiera de ser el beneficio reportado al “sujeto” de tal derecho que en cada caso se reconozca, ¿cómo “se disfruta” un beneficio tras dejar de ser? ¿Puede alguien “ser digno” después de dejar de ser?

Todo el mundo entiende que nadie debería morir en medio de espantosos sufrimientos, miedos y desesperanzas. Sintiéndose a la vez “desvalido” y “carga” para sus seres queridos.

¡Por supuesto!

…pero, es meridianamente claro, que adelantarle la muerte no le suprime ni dolores, ni miedos, ni le mejora un ápice su desesperanza…  solo le cambia “todo eso” por un dejar de ser…,  solo “lo mata”.

Una cosa más…, se consigue, desde luego, que deja de ser “carga” para los que le rodean, sus seres queridos, y, por supuesto, para  un “Estado” que dejará de aportar recursos para cuidarlo como debiera “ser debido”.

¡Muy fuerte!… ¿no?

Un planteamiento moderno de ayuda real, al tránsito de la vida a la muerte dignamente, debiera centrarse en legislar y apostar por los cuidados paliativos.

Conseguir que sea un Derecho Humanola disponibilidad de derechos paliativos para la universalidad de los pacientes”, nos haría más humanos, y nuestros enfermos, aquellos a los que la medicina ya no puede curar, mantendrían una dignidad intacta y reconocida hasta su hora final natural. El lector puede ampliar esta idea, desde el estupendo artículo «Cuidados paliativos y derechos humanos»  de Josep Porta i Sales disponible en el enlace https://www.elsevier.es/es-revista-medicina-paliativa-337-articulo-cuidados-paliativos-derechos-humanos-S1134248X14000433

Normalmente, acostumbramos a pensar en personas mayores cuando se habla de eutana-sia, se nos hace difícil relacionarlo con personas jóvenes, e incluso con niños. Yo quiero, ahora, recordar a Andrea, sobre la que ya escribí el 2015 en este blog  *.

Andrea fue una niñita gallega, de Santiago de Compostela, que en octubre de 2015 provocó un intenso revuelo en los medios, donde se discutía sobre si dejarla sin nutrición (que recibía a través de una sonda) y con mínima hidratación para que, sedada, muriese finalmente. El asunto se trataba de una enfermedad degenerativa de nacimiento, que tras 12 años había devenido en una hemorragia digestiva severa, que obligó a su hospitalización el día 2 de octubre. Finalmente la niña fue “desconectada” de su nutrición y murió el día 9 de ese mismo octubre, irónicamente… la víspera del Día Mundial contra la Pena de Muerte.

¿Es exageración confrontar los términos “eutanasia” y “pena de muerte”? …probablemente sí, pero algunos de los argumentos a favor de la abolición de la pena de muerte deberían hacernos reflexionar respecto a la ligereza con que se tratan ciertas implicaciones éticas y morales de la muerte por eutanasia.

Así lo reflexionaba en el “post” que escribí el día de la muerte de Andrea:

[…]

… con los mismos argumentos utilizados para defender que:  la pena de muerte es contraria a los derechos humanos;  puede defenderse, también, que:  las muertes por aborto, eutanasia o por cualquier tipo de componenda pseudo-compasiva no caben en una civilizada interpretación de los Derechos Humanos.

Como punto de partida, utilizaré el argumentario que Amnistía Internacional   publicó en el documento “LOS DERECHOS HUMANOS FRENTE A LA PENA DE MUERTE. ¿Por qué abolir la pena capital?

Véanlo, si no…

 

Amnistía dice…

pero se podría, también,  decir…

Ha llegado el momento de abolir la pena de muerte en todo el mundo.

Es tiempo ya de acabar con las muertes injustas, por aborto, por eutanasia, o por eugenesia en todo el mundo.

La causa en pro de la abolición se vuelve más apremiante cada año que pasa.

El imparable incremento del nº de abortos y muertes por descarte, año tras año, hace apremiante la causa pro-abolición.

En todas partes la experiencia muestra que las ejecuciones embrutecen a quienes participan en ellas.

En todas partes la experiencia muestra que las muertes por aborto o por descarte embrutecen e insensibilizan a quienes participan en ellas.

No hay ningún lugar en el que se haya demostrado que la pena de muerte posea una eficacia especial a la hora de reducir la delincuencia o la violencia política.

No hay ningún lugar en el que se haya demostrado que legislar a favor del aborto, la eutanasia o la eugenesia posea una eficacia especial a la hora de reducir sus números, o alguno de los problemas que dicen intentar resolver.

Su aplicación, en país tras país, recae desproporcionadamente sobre los pobres o las minorías raciales o étnicas.

Su aplicación, en país tras país, recae sobre los seres más indefensos en quienes pueda pensarse. Afectando especialmente a los pobres y desarraigados, o a las minorías raciales o étnicas.

Con frecuencia se utiliza como instrumento de represión política.

Con frecuencia se utiliza como instrumento de reivindicación ideológica y de represión (exclusión) de los disidentes.

Se impone y se ejecuta de manera arbitraria.

Se impone y se ejecuta de manera arbitraria (amparada por ley), sin necesidad de alegar razón alguna especialmente en los primeros días de la vida.

Es un castigo irrevocable que, inevitablemente, puede dar lugar a la ejecución de personas completamente inocentes.

Es un acto irrevocable que, inevitablemente, da lugar a la muerte de seres completamente inocentes.

Además, la pena capital viola los derechos humanos fundamentales.

Además, la muerte provocada, aun sin razón de pena, viola derechos (a la vida) humanos fundamentales.

 

            Tal cual, es y parece, nuestra realidad a día de hoy. La cotidianeidad, el dejar estar las cosas, el no buscarse problemas, la incongruencia de nuestras fuerzas políticas mantienen una situación de absoluta esquizofrenia.

            Mientras se hacen “votos” y actos para defender la abolición de la pena de muerte, se legisla a favor  disponer de la vida de “otros” para salvaguardar nuestras “miserias y comodidades”

[…]

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